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EL SUEÑO DE C G JUNG

En este sueño, realizaba un viaje. Deambulaba por una pequeña carretera, en un paisaje de colinas; brillaba el sol, y yo percibía un vasto horizonte por todos lados. Después, me acerqué a una capilla. La puerta estaba abierta, y entré. Para gran sorpresa mía, no había ninguna imagen de la Virgen sobre el altar; tampoco había crucifijo, y sí, únicamente, un hermoso conjunto de flores. En cambio, vi en el suelo, delante del altar y frente a mí, un yogui en la posición del loto y en estado de profunda meditación. Al observarle desde más cerca, vi que su rostro era el mío. Partí en un estado de profundo espanto y me desperté con esta idea: «¡Ah! Es él quien medita sobre mí. Ha tenido un sueño, y yo soy este sueño.» Desde aquel momento, supe que, en el momento en que se despertara, yo dejaría de existir.

(Memorias, Sueños, Reflexiones, textos recogidos por Aniela Jaffé, Londres, 1963, p. 299.)