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Fotografías del subconsciente femenino algo que deberías saber

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¿Cómo representar un sueño? Quienes mejor se acercaron a ese estado líquido, ingrávido y más allá del tiempo fueron los surrealistas. En las mismas coordenadas que Magritte, Dalí y Buñuel, la fotógrafa Grete Stern consiguió con su cámara ilustrar el laberinto del inconsciente. Su serie Sueños, compuesta por 46 fotomontajes no exentos de una mordaz crítica feminista a la sociedad de su época, se expone hasta el 31 de enero en el Círculo de Bellas Artes (Alcalá, 31).

Stern (1904-1999), judía nacida en Alemania, estudió dos semestres en esa fábrica de intelectuales vanguardistas que fue la Bauhaus. Allí conoció a Horacio Coppola, fotógrafo argentino con el que se casó en 1935 y que le acompañó en su huida a Londres tras la llegada de Hitler al poder. Ya instalada en Argentina y dispuesta a poner en práctica las enseñanzas de su maestro Walter Peterhans, comenzó a colaborar con la revista femenina Idilio en la sección El psicoanálisis te ayudará. En ella se invitaba a las lectoras a que enviaran una transcripción de sus sueños y el dúo formado por Gino Germani y Enrique Butelman, bajo el seudónimo de Richard Stern, se encargaba de interpretarlos como quien resuelve un crucigrama. Un poco de Jung por aquí, otro de Freud por allá, y voilà: complejo de Electra resuelto.

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Junto a los textos, el verdadero valor de aquella publicación residía en las inquietantes imágenes creadas por Stern: mujeres encerradas en botellas, con la cabeza convertida en una brocha, enfrentadas a hombres con cabeza de monstruo o condenadas a arrastrar una piedra enorme por la falda de una montaña. Heroínas de lo cotidiano, las protagonistas de los sueños se enfrentaban a sus miedos y sus deseos con rostros que reflejaban temor, capitulación o gozo ante las más diversas tropelías del subconsciente.

Entre 1948 y 1952, Stern produjo 150 fotomontajes, elaborados con material antiguo de su propio archivo para los fondos y la colaboración de amigas, vecinas y familiares para encarnar a esas mujeres en pleno éxtasis onírico. En la serie, de la que sólo se conservan 46 piezas, se descubre la más fina de las ironías, afilada en más de una ocasión para criticar el rol pasivo de la mujer en la Argentina peronista, en la que una artista alemana, fumadora, divorciada y que vestía pantalones debía ser vista como una auténtica rara avis.

También queda patente cierta distancia sarcástica hacia los propios textos que pretendía ilustrar, sobre todo teniendo en cuenta la clase de secciones con las que compartía publicación: consejos para blanquear la ropa, cómo elaborar un exquisito risotto y exclusivas del corazón. «Tuve suerte de poder trabajar a mi gusto, sin tener que salir a hacer fotografías de bodas o de cumpleaños para ganar dinero. Pero si la situación hubiera cambiado, habría preferido lavar y limpiar cocinas antes que enturbiar mi visión fotográfica», declaró Stern ya cerca del final de su trayectoria vital. La fotógrafa que interpretaba los sueños nunca estuvo dispuesta a renunciar al suyo: su integridad artística.

Fuente: elmundo.es

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