Los sentidos y el mundo exterior ¡Te va a interesar!

Nos comunicamos y conectamos con el mundo de la materia a través de nuestros cinco sentidos conocidos tradicionalmente como:

  • Sentido de la vista
  • Sentido del oído
  • Sentido del tacto
  • Sentido del Gusto
  • Sentido del olfato

Hemos visto como culturalmente se asevera que el sentido más importante es el de la vista y como esto no es cierto, cómo cada uno de los sentidos tiene el máximo de importancia, y que cada uno de ellos en particular, nos ha sido dado para desarrollar aquello que nos corresponde en esta vida.

Pero cuando utilizamos, a nivel inconsciente, los distintos sentidos para comunicarnos o procesar la información cada uno privilegia un canal determinado para interactuar, que puede ser visual, auditivo o relacionado con el movimiento: cenestésico, u olfativo, gustativo. Esto se debe a que tan solo uno predomina en un proceso mental determinado, rezagando al resto de los sentidos.

Entonces, podemos reconocer esto fácilmente a través de las expresiones que se utilizan preferentemente durante la comunicación, encontraremos frases que refieren a los sentidos, y en particular al que se ha preferenciado para conectarse con la experiencia, como por ejemplo:

“oí que estas mejor” “la noticia me hizo sonó conocida”; se trata de personas mayormente auditivas, entre las mayormente visuales encontramos frases más frecuentes del tipo: “viste lo que pasó?” “mira lo que te dije…”, entre las táctiles “se me pone la piel de gallina cuando me acuerdo” “no resultó como un balde de agua fría”, las olfativas refieren “ese asunto me huele muy mal”, y las gustativas “esa entrevista me dejó un sabor amargo”.

Las personas sensitivas están pobladas de frases referidas a los sentidos y prestando atención a su lenguaje podemos darnos cuenta a través de qué o cuales sentidos privilegian sus registros vivenciales

Cuanto más sensitiva es la persona, mayor grado de argumentos escénicos, onomatopéyicos y gestuales despliega en sus conversaciones, es cenestésica.

Los cinco sentidos

Son los que nos sirven para relacionarnos y desarrollarnos en el mundo de la materia, también son estos cinco sentidos los que nos permiten construir nuestra personalidad, las capacidades del aprendizaje, las valoraciones, sentimientos, memoria, habilidades intelectuales y psicomotoras en general, pero además y fundamentalmente la construcción de mundos sutiles desde la imaginación, el arte y la espiritualidad.

Si bien cada uno de los sentidos tiene mayor peso de incidencia en ciertos aspectos que el resto de los sentidos, no significa ello que alguno tenga mayor importancia o que pueda prescindirse de algunos por supremacía de otros.

Ten en cuenta que una persona para crecer en forma equilibrada requiere del desarrollo armónico de los cinco sentidos y la optimización de todos lleva al mal llamado sexto sentido: de la intuición y la percepción.

Sin embargo, en este apartado nos referiremos exclusivamente al olfato.La nariz registra aproximadamente 10000 tipos diferentes de sensaciones olorosas y ello se debe a que la nariz humana contiene cerca de 10000 sensores, los cuales transmiten señales al cerebro.

El área del cerebro en la que se registra el olor está unida por vías nerviosas al Hipotálamo, estructura en la base del cráneo ( se ocupa de la regulación de importantes actividades corporales), que regula el sistema endocrino, entre ellas la hormona del crecimiento, el sexo, el metabolismo y otras funciones..
También ejerce su acción sobre el Sistema Nervioso Autónomo, por lo tanto sobre las actividades involuntarias que mantienen la vida: digestión, frecuencia cardíaca, respiración, temperatura corporal, hambre, etc.

Los sentidos y el mundo exterior

El olfato es un camino directo al cerebro.
El aroma es recibido en la mucosa nasal por receptores muy sensibles y el mensaje es llevado a través del bulbo olfativo a las diferentes zonas del cerebro.

Como ya dijimos fisiológicamente el olor va directamente al hipotálamo, que es el principal regulador de muchas de las actividades corporales y esta parte del cerebro es también el asiento físico del aprendizaje, la memoria y las emociones. Por este motivo es normal que los aromas que percibimos puedan desencadenar automáticamente emociones.

Un olor desagradable, en la mayoría de los casos, está asociado a la descomposición de un alimento, planta, animal, o desechos corporales. Un olor agradable a flores, plantas, alimentos sabrosos. Los aromas pueden hacernos evocar toda una situación emocional en un instante.

Recuerdos, todos ellos, inscriptos en lo más profundo del subconsciente. Pero, todos son recuerdos de hechos anteriormente vividos?

Además, se han realizados experiencias tales como tomar a personas de diferentes edades, diferentes culturas, incluso etnias y solicitarles que describieran con una palabra qué les sugería el aroma de una flor, la violeta por ejemplo, en mayoría casi absoluta eligieron términos similares al de distinción, elegancia, fidelidad.

Por otra parte, existen olores que están íntimamente asociados al comportamiento sexual de animales, incluyendo a los humanos por supuesto, como lo son las feromonas. Estos aromas pueden ser percibidos aún sin conciencia, llevándonos a una respuesta absoluta, favorable o desfavorable.

La utilización de aromas para obtener resultados esperados es habitual en países, como Japón, con aromas específicos se resuelven problemas de consecuencias fisiológicas, pero además se utilizan aromas para motivar a trabajadores durante la jornada laboral.

¿Serán esos aromas reminiscencias comunes para un conjunto de personas?

Científicamente se ha demostrado que la parte izquierda del cerebro regula los actos lógicos e intelectuales y la parte derecha los intuitivos y sutiles.

 

Lado izquierdo del cerebro
Lado derecho del físico

Yang

Masculino

Intelecto

Agresividad

Realidad cotidiana

Autoridad

Lógica, racional

 

Lado derecho del cerebro
Lado izquierdo del físico

Yin

Femenino

Creatividad

Arte

Receptividad

Intuición

Mundo interno

Mediante encefalogramas realizados a personas que estaban oliendo romero, se ha registrado que la parte izquierda del cerebro trabajaba más que la derecha. Con aroma a lavanda, las dos partes del cerebro trabajaban casi al unísono.

Así como Sigmund Freud descubre entre los registros de sus pacientes, que más allá de la historia personal, describían imágenes comunes como representaciones simbólicas de virtudes, sentimientos, objetos de amor u odio y estas personas no tenían ningún tipo de relación entre si.. Jung amplia el concepto realizando una investigación más universal y comprobando que esto mismo se extiende a personas pertenecientes a culturas absolutamente diferentes, de variadas geografías y periodos históricos y desarrolla así su teoría del arquetipo.

De este mismo modo podríamos decir que existe algo así como arquetipos universales de olores, mas allá de las historias personales que pudieran producir ciertos olores, determinadas reminiscencias.

Pero más allá de lo que pudieran sugerirnos los aromas y olores, nos ocuparemos de lo que producen los mismos.

No tenemos un manejo consciente de nuestro sistema límbico. Él actúa independientemente de nuestra “razón”, o de la racionalización que hacemos de las situaciones planteadas cada día y que provocan cualquier tipo de emoción.

Este hecho por sí solo merece la mayor trascendencia, pues, lograr a partir del olfato mejorar nuestras reacciones frente a los sucesos cotidianos, equilibrando nuestras emociones, optimizando nuestras capacidades, nos permite beneficios importantes como la buena salud, un refuerzo de nuestro sistema inmunológico, la positivización de las emociones/sensaciones y estaremos dando un gran paso hacia un estado pleno, vigoroso y armónico entre los cuerpos.

Recientemente se realizaron experiencias en cárceles de los EE UU a partir de provocar aromas permanentes de vainilla en los ambientes de un grupo de calabozos y para otro grupo olores agrios de descomposición, se obtuvo al finalizar un período de 6 meses que los presos tratados con vainilla habían desarrollado un marcado sentimiento de bondad, mientras que el otro grupo había aumentado su agresividad, incluso hasta provocarse daño físico.

Sin embargo, el uso de esencias aromáticas es de tiempos remotos y tiene referencias en todas las culturas y religiones. Miles de años antes de Cristo los egipcios hacían preparados con aceites esenciales y los utilizaban en medicina, cosmética, baños. Para armonizar los templos los egipcios iniciaron el arte de extraer las esencias de las plantas calentándolas en recipientes de arcilla.

Los alquimistas griegos quienes conservando la fragancia y las propiedades curativas inventaron la destilación para obtener aceites esenciales.

El uso de aceites esenciales se realizaba también desde hace milenios en China, India y Persia.

Los vedas también utilizaban aceites para su medicina y el desarrollo de la espiritualidad.

El aroma del incienso es quizás, el más conocido entre nosotros, en ceremonias especialmente religiosas, el aroma de las rosas para los enamorados, el pachuli para la energía sexual, la manzanilla para la dentición de los bebes y la amapola para el insomnio.

Empero, es indispensable contar con otros conocimientos antes de incursionar en la utilización de aromas.

Se puede producir un aroma a partir de quemar algunas sustancias sobre un carbón, o bien encendiendo sahumerios o utilizando esencias y aceites esenciales de diversas maneras.